En Restauracio somos una empresa comprometida con nuestros clientes y por eso, ponemos a vuestra disposición toda la información vital sobre el afeitado clásico. Por este motivo, os traemos en nuestro Blog, un manual básico de afeitado tradicional gracias a los consejos de Gonzalo Álvarez.

El afeitado para muchos hombres se trata de una molestia rutinaria y con las prisas no prestan atención al daño que pueden hacerse a la piel. El afeitado clásico es el rey de los cuidados masculinos y merece cierta atención y dedicación para hacerlo correctamente y convertirlo en un placentero tratamiento de belleza.

El primer paso es humedecer la cara y a la vez, pasar el jabón de Alepo por la misma; frotar por aquí, frotar por allá y a enjuagar para quitar el jabón. Acabada la ducha y una vez seco y con la cara húmeda, que no empapada, aplicar el producto para un buen ‘pre afeitado’; entre tanto, la brocha esta en remojo; dependiendo de la sequedad de la cara tras el producto de ‘pre afeitado’, se humedece la cara o no y a continuación, después de sacudir la brocha un poco para descargarla del exceso de agua, empezamos a moverla en círculos sobre el jabón hasta lograr suficiente carga para al menos tres pasadas. Acto seguido la frotamos sobre la cara, primeramente con movimientos circulares y cuando este la cara bien cubierta de espuma, seguir con movimientos lineales. Se puede ir humedeciendo las puntas de la brocha, si la espuma resultante es demasiado espesa, para licuarla un poquito o al contrario, para sacar más espuma si es que está demasiado seca. Una vez espumada la cara, asentamos la navaja con el asentador de cuero e iniciamos la primera pasada de Norte a Sur con la navaja siempre a favor del pelo; con pases cortos y algunas veces repetidos. Terminada la primera pasada, nos enjuagamos la cara y vuelta a la brocha y repetir los movimientos, para un nuevo espumado. En la segunda pasada de la navaja, normalmente transversal de Este a Oeste aunque algunas veces se repite la pasada a favor y tras ésta, nuevo enjuague y nuevo espumado. A continuación, el contrapelo, la tercera pasada de Sur a Norte, la que se hace con más calma, tras ella de nuevo enjuagar la cara y aprovechar la espuma que queda en la brocha para la “espuma de confort”, con ésta en la cara, es el momento de limpiar los utensilios usados; la navaja, procedemos a su limpieza y posterior secado; y en cuanto a la brocha, la colocamos debajo el grifo a la vez que la frotamos contra la palma de la mano para eliminar cualquier resto de jabón que pudiese haber quedado. Hecho esto, pásala con suavidad entre los dedos pulgar e índice que se han cerrado sobre el nudo. Después, aplica un par de leves sacudidas para evacuar aún más si cabe el agua que pudiese haber quedado, tras lo cual es indispensable y muy importante frotarla con “cierta energía” sobre la toalla. Seguidamente se coloca en su percha hacia abajo, abrimos de nuevo el grifo del lavabo, pero esta vez el del agua fría y nos pasamos las manos varias veces por la cara con agua fría para a continuación pasar la piedra de alumbre y mientras ésta hace su efecto, máximo un par de minutos, recogemos y aseamos el lavabo. Finalmente, un último enjuague de la piel con el agua fría y, si se va a aplicar loción, lo haremos con la cara mojada y si es emulsión o bálsamo, con la cara seca o mínimamente húmeda. ¡Damos por finalizado un afeitado tradicional satisfactorio!

El volver al afeitado clásico supone especialmente, convertir lo que hasta ahora era un trámite higiénico en un espacio para el placer personal que combina la masculinidad y el cuidado de la piel. Además, y esto es también fundamental para muchos hombres, supone encontrar un tiempo para estar con uno mismo, para prestarse atención, relajarse y quizá huir del estrés diario durante, al menos, quince o veinte minutos.

 

 

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